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Volvió a materializarse la ciudad de los libros

 


 

Mañana. Ya mañana. Se hizo esperar, ¿no? La ciudad nómada de los libros, la biblioteca de Babel evanescente. 

 

Vean, dicen los que saben que la Feria del libro en realidad nunca cierra. Dicen que permanece viva todo el año, desde hace mucho tiempo. No importa si ustedes van a La Rural y encuentran exposiciones de vacas y de perros. La Feria sigue ahí, aunque no la vean. Sólo que se desparrama.

 

Se hace invisible, pierde consistencia y se fragmenta para abarcar más terreno, se despedaza en cientos y cientos de pequeñas partes que recorren muchos kilómetros en distintas direcciones. Algunas se asientan en las librerías, a la espera, como bichos cazadores; otras golpean las estanterías en las casas, golpean las puertas, las ventanas; otras se sacuden, salvajes, en las cabezas de la gente. 

 

Cuando llega el momento, cuando llega esta época del año, todo vuelve hacia atrás, rápido. Se deshace la distancia, vuelve la consistencia y el amontonamiento, y la Feria está otra vez todo junta y en pie, encendida, con aire de mundo, de renovación y también de nostalgia. Vuelve a ser una ciudad y llama a todos sus habitantes. Es nuestro lugar en el mundo, ¿no les parece?

 

Acá pueden ver el refugio de El Túnel, que los espera con los brazos abiertos y con mucho que contarles y mostrarles, en el stand 222 del pabellón azul. Visítennos, que no todo el año los amantes de los libros pueden vivir tan cerca unos de otros.

 

 

 

 

 

 

 


 



Miércoles 3 de Mayo de 2017 | Novedades